LA MORA DE OZA #leyenda #aragon #españa #perseguir
Vivía en un paraje de la selva de Oza, sin más compañía que su avaricia y su odio por todo lo santo. Siempre empleaba sus artes mágicas para hacerse con un inmenso tesoro de cálices, patenas y otros objetos sagrados robados Dios sabe dónde.
Un día, un pastor de Echo que apacentaba su rebaño por los alrededores de la selva, se metió dentro para sestear en las horas de mayor calor del día. Y héte aquí, que, en medio de unas matas de boj, escondido, encontró un cáliz precioso. Miró a su alrededor y, comprobando que nadie lo observaba, lo guardó en su zurrón con intenció de llevárselo al Monasterio de San Pedro de Siresa.
Creía que nadie lo había visto, pero es que las moras-hadas no necesitan estar presentes para enterarse de todo. Al despertar de su siesta el cáliz seguía estando en su zurrón, pero, en el ambiente, flotaba un halo de misterio sobrecogedor.
Pronto se sintió perseguido por unas fuerzas sobrenaturales que le oprimían por todas partes. Dejó allí el ganado y huyó despavorido al pueblo.
Corría con todas sus fuerzas porque pensaba que si conseguía refugiarse en el Monasterio, allí se sentiría seguro y protegido contra todo mal.
La mora que ya estaba pisándole los talones no pudo alcanzarle, pues justo en aquel momento, penetraba el pastor en la basílica.
Ella, enfurecida al no poder entrar y verse burlada por el pastor y privada de uno de sus preciados tesoros, se convirtió en serpiente y con saña infinita pegó un terrible coletazo contra uno de los bancos de la entrada.
Cuando visitéis ese cúmulo de arte y misterio que se llama San Pedro de Siresa, todavía podréis ver en el banco de piedra, marcada la huella inconfundible de su cola.
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