¿POR QUÉ EL COCODRILO SE REVUELCA? #leyendas #australia #tribu
En un pequeño pueblo de la costa australiana, todas las niñas jugaban y disfrutaban del momento, a medida que los últimos rayos del maravilloso sol enrojecido se despedían del pequeño campamento y de la gran llanura costera. Los niños estaban con sus padres aprendiendo a convertirse en hombres, mientras las madres preparaban la cena. Sobre las cenizas de las fogatas, se cocía pescado fresco, mejillones y cangrejos de barro recién cogidos.
Todos los miembros de la tribu estaban contentos. La estación había sido provechosa y tenían muchos alimentos frescos. Todos estaban felices, excepto Mi-na-wee.
Mi-na-wee era diferente. Desde niña, le gustaba causar problemas entre las otras niñas pequeñas. El rostro de Mi-na-wee era tan duro y escamoso, que era casi imposible advertir su odio. Pero los adultos conocían sus malas intenciones, pues siempre provocaba peleas con las otras niñas. Y no sólo entre las niñas más pequeñas, sino también entre las madres de éstas.
Los más ancianos del poblado advirtieron a la madre de Min-na-wee y le dijeron que si ésta no paraba de causar problemas y peleas, algo terrible le ocurriría a la niña.
Los años pasaron y Min-na-wee se convirtió en una mujer. Pero una mujer que aún seguía metiéndose en lios.
Sin embargo, llegó el día en el que todas las mujeres jóvenes del grupo, Min-na-wee incluida, debían prepararse para ser escogidas y convertirse en futuras esposas. Min-na-wee se puso en fila junto a las otras chicas. Los ancianos fueron escogiendo una a una, a las mujeres que deberían casarse con cada uno de los jóvenes de la tribu. Al final de la ceremonia, Min-na-wee se quedó sola. No había sido elegida para convertirse en esposa.
Desde aquel día, el odio de Min-na-wee se hizo cada vez mayor y empezó a causar más problemas entre todos los miembros de la tribu. Cada día sucedían peleas en el campamento, mientras ella los observaba desde su choza, sintiéndose muy orgullosa de sí misma. Por ello, los ancianos decidieron que debía recibir un castigo ejemplar, aunque lo mantuvieron en secreto.
Min-na-wee, que desconocía las intenciones de la tribu, decidió acercarse a las mujeres para provocar otra pelea, pero los hombres la cogieron y la revolcaron sin cesar en el barro. Min-na-wee consiguió escapar y huyó hacia la orilla del mar, dónde llamó a los espíritus malignos para que la convirtiesen en un animal maligno y así llevar a cabo su venganza contra la tribu.
De este modo, los espíritus la transformaron en un cocodrilo y Mi-na-wee se deslizó entre las aguas enfangadas y turbias para esperar a sus presas.
Los miembros de la tribu no pensaron más en Min-na-wee y volvieron a sus labores diarias. Pero ella los acechaba mientras éstos buscaban cangrejos en los pantanos de lodo. Uno de los hombres que había participado en el castigo de Min-na-wee se adentró en el agua y ella se deslizó por detrás y lo atrapó. Min-na-wee le dijo que lo revolcaría sin parar, tal y como él había hecho con ella. Así empezó a zarandear su cuerpo en el agua hasta que consideró que ya había recibido su merecido.
Todavía hoy, el espíritu de Min-na-wee permanece entre los cocodrilos. Y, por eso, cada vez que un cocodrilo caza una presa se revuelca continuamente con ésta en el agua.
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