Imagen de Ronald Plett en Pixabay
Decepcionados por la falta de elocuencia de los animales, los dioses decidieron tratar de dar con un ser que les respaldara mediante la veneración y el sacrificio. A diferencia de los animales, los árboles, el agua en todas sus componentes y las formas de la tierra que empezaban a existir a partir del pensamiento y la palabra, los dioses comprendieron que esos seres humanos especiales debían surgir de la sustancia sólida de la propia tierra.
En la primera tentativa de creación humana, los dioses emplearon barro y arcilla, pero estas criaturas se desmoronaban porque eran muy blandas, o se convertían en roca por endurecerse excesivamente, siendo todas inútiles para ellos.
Entonces los dioses decidieron recurrir a la ayuda del dios abuelo Xpiyacoc, y de la diosa abuela Xmucane. Estos sabios ancianos sugirieron que la madera sería un material más adecuado. Los maniquíes de madera, los hicieron a partir del árbol del coral y fibra de junto. Suponían sin duda una mejora con respecto a los de barro, pero carecían de la inteligencia y el refinamiento necesarios para apaciguar a los dioses.
En un arrebato de ira, Hurakán envió una feroz tormenta para destruir a las criaturas de madera.
Al fin encontraron varios granos de maíz de color amarillo, blanco, negro y rojo. Xmucane molió los granos y los mezcló con agua; con la masa resultante moldeó a los primeros seres humanos (cuatro hombres y cuatro mujeres) con los que los dioses quedaron satisfechos.
Su principal defecto era su exceso de inteligencia y curiosidad, por lo que los dioses formaron una nube ante su visión y su percepción, de este modo, siempre dependerían de la ayuda de los dioses para resolver los misterios de la vida.

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